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domingo, 28 de octubre de 2012

Visión personal de Rep. Dominicana de Maria, reportera de tvcyl

Hoy hace casi un mes que regresé de República Dominicana, 'la isla de las maravillas' donde, dicen, todo puede pasar. Doy fe de ello. Es la primera vez que escribo sobre alguno de mis viajes pero no podía rechazar la invitación del autor de este blog, que fue mi compañero de aventuras durante mi estancia en aquel país. Y alguna que otra tuvimos. Escribo también porque este viaje ha sido uno de los más intensos que he vivido, y es que si hay algo que defina el carácter, la cultura y el día a día en las primeras tierras que Colón pisó en el nuevo mundo es eso: intensidad. Gran parte del tiempo lo pasé en Santo Domingo, que es el mejor termómetro para medir no sólo el calor que hace en aquella isla sino también el afán de supervivencia con el que el dominicano de menos recursos, que supone más del 50% de la población, se enfrenta a la rutina diaria. El resto, los que sobradamente escapan de los límites de la pobreza, apenas se encuentran fuera de los restaurantes y centros comerciales. La experiencia dice que no es muy recomendable pasear la opulencia entre la miseria.
Es curioso ese afán de supervivencia que os cuento. Es pasional, descarado, pícaro y hábil. Despierta indignación y lástima a la vez pero también rabia. Rabia porque se acaba cuando se esconden las luces del día y no busca un mañana mejor sino una buena noche. Para sobrevivir te venden bebida fresca y te limpian la luna del coche en cada semáforo, sin consentimiento. Te señalan el aparcamiento al que tu ya te diriges, intentan sacarte una propina por todo, una tasa o impuesto inverosímil si con la 'Administración' te enfrentas; y si tienes pinta de europea o americana te piropean para sacarte los colores y lo que surja de tu bolso. Todo porque los sueldos no dan para nada. Para nada más que para una botella de cerveza y una caja de cigarrillos. Y con todo son posiblemente algunas de las personas más felices del mundo y son hospitalarios, amables y generosos como pocos en las distancias cortas. Son alegres y risueños y siempre parecen estar de buen humor. Quizás sea por la música que continuamente llega a todo volumen desde cualquier parte, porque nunca hay días grises o porque la falta de expectativas evita la frustración de los fracasos. Sólo así es posible ver la vida como un regalo y no como un derecho y soportarla a falta de agua y luz sin enfadarte de vez en cuando con el Dios en el que tanto crees. En este mismo viaje también visitamos otras partes de República dominicana y Haití, pero esas son otras realidades que también ocurren en la isla de las maravillas.

1 comentario:

  1. Maria, hemos visto vuestro reportaje, y yendo de la mano de Iñaki, estaba claro que ibas a ver la real dominicana.
    Qué envidia me das!

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